Comunicado de la Organización Nacional de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri
A un año del asesinato de las niñas Carmen y Liliana por acción de la Fuerza de Tarea Conjunta en el Norte, exigimos al Estado paraguayo justicia, reparación y no repetición.
Se cumple hoy, 2 de septiembre, el primer aniversario de aquellas muertes consideradas “daños colaterales” por los altos mandos a cargo del operativo, sin ningún avance en las investigaciones por parte del Estado, pues seguimos queriendo saber ¿qué pasó en Yby Yaú?
Llevamos un año de impunidad, de reclamos que trascienden las fronteras al tratarse de menores de edad con ciudadanía argentina, aunque de raíces profundamente paraguayas. Esas niñas fueron tratadas en su momento como trofeo por el Gobierno de turno al tomarse el presidente Mario Abdo fotos oficiales en el lugar donde las balas no terminaban de enfriarse sobre los cuerpos inertes de ellas.
Encontramos a Ceferina Guerrero, lideresa comunitaria de la localidad de Chacoré, en el distrito de Repatriación (Caaguazú) cosechando arvejas y verdeo para el almuerzo del mediodía. Campesina de raíz, como ella misma se define, en esta nota nos habla un poco de lo que hace y de lo que sueña.
La Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri la postuló recientemente, junto a otras compañeras, al Premio Dignidad que propone, por segundo año consecutivo, la Codehupy (Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay).
Doña Ceferina Guerrero Vda. de Díaz, «pytyvõhára» (educadora popular), guardiana de las semillas y promotora de salud comunitaria y de la agricultura campesina con enfoque agroecológico, tiene hoy 72 años, y una de las experiencias que más le marcó en la vida fue el encuentro entre el Papa Francisco con los movimientos populares, que tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en el año 2015, oportunidad en la que acudió como delegada de Conamuri. ««»Tierra, techo y trabajo, dijo el sumo pontífice en aquella ocasión, y yo humildemente desde donde me toca quiero aportar mi grano de arena en lo que pueda», dijo, con voz pausada y llena de dulzura.
En ese sentido, como servidora social, desde hace un tiempo ella acompaña las gestiones ante Senavitat para que al menos 95 familias consigan una vivienda digna donde habitar. «Muy pronto se inaugurarán las primeras 45 viviendas aquí en Chacoré», contó, con esperanza.
Ña Cefe en su huerta.
En su chacra tiene todo lo que necesita para alimentarse. «Arekopaite ko’ápe opáichagua mboriahu rembi’u» (aquí tengo todo tipo de alimentos básicos), agregó, enumerando a grandes rasgos, parte de su producción: legumbres, hortalizas, tubérculos, plantas medicinales. Como muchas familias campesinas, en su casa guardan en tambores y botellas de plástico semillas para la próxima cosecha; muchas de esas semillas las lleva a la feria para intercambiar con sus vecinos por otras. «Ahora es tiempo de siembra, pero la sequía está haciendo todo muy difícil, hay muy pocas semillas», se lamentó.
Una preocupación muy grande que afecta a la comunidad de Chacoré, así como también en otros lugares, es que las familias campesinas se ven empujadas a alquilar sus tierras para el cultivo de rubros diferentes a los de la agricultura tradicional. «Ahora están plantando caña de azúcar, pero el pago que reciben por ese trabajo es muy poco, solo para vivir al día», dijo. Chacoré, como toda Repatriación, sufre los efectos de la migración por causas económicas. Ña Cefe, como se la conoce, mencionó que abuelas y niños quedan en el pueblo después del gran éxodo de la juventud. Sus propios hijos están dispersos, algunos en grandes urbes como San Alberto o Ciudad del Este, otros en São Paulo o Buenos Aires.
En su humilde vivienda de ña Cefe y su familia reciben durante todo el año a pasantes y voluntarios de varios países del mundo interesados en conocer cómo vive para practicar la agroecología, además de estudiantes universitarios interesados en hacer investigaciones en el área de la producción sostenible; sus puertas están abiertas para recibir a visitantes y en su mesa siempre hay un plato de más que expresa su hospitalidad y su fe en la humanidad.
Mujeres organizadas de la localidad de Limoy II, en el distrito de Minga Porã (Alto Paraná) realizaron un festejo en el marco del Día del Niño en Paraguay.
En la ocasión estuvieron presentes alrededor de 500 personas, entre niñas y niños acompañados de sus tutores, en el local de la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri.
Hasta antes de la pandemia, este evento se realizaba en la escuela local, informó la lideresa comunitaria Hilda Santacruz. “Esperamos que para el próximo año se pueda hacer un festejo mucho más grande”, dijo.
Cuatro comités de mujeres productoras de la localidad de Repatriación, en el departamento de Caaguazú, preparan la “Feria de Semillas y Productos de la Agricultura Campesina”, que tendrá lugar este sábado 14 de agosto desde las 8 horas en la plaza José Dolores Amarilla, frente al edificio municipal.
Productos saludables y frescos provenientes de fincas orgánicas y en transición hacia la agroecología estarán siendo ofertados por las feriantes como una forma de abrir alternativas de comercio justo y mercado solidario en el centro de la ciudad, promocionando así una alimentación libre de agroquímicos.
La Organización Conamuri, impulsora del espacio, lleva adelante este tipo de emprendimientos desde hace varios años en distintos puntos del país, en afán de visibilizar el trabajo campesino y, en particular, el de las mujeres rurales, como una forma de contribuir a la generación de ingresos para las familias, explicó Perla Álvarez, conocida promotora de los derechos campesinos en el país, integrante de Conamuri. Al mismo tiempo, dijo, se busca intercambiar y ofrecer semillas nativas y criollas para el periodo agrícola que inicia y así construir soberanía alimentaria.
“Queremos acercarnos a los consumidores de la ciudad que no pueden producir sus propios alimentos”, expresó Rosa Toledo, referente de Conamuri.
“Ahora hay una mayor cantidad de gente que toma consciencia de qué puede hacer para ayudar al medio ambiente y ve como una buena opción la compra en los mercados locales, de las huertas campesinas que no utilizan veneno en su producción y que se mueven en torno a la economía solidaria porque además es mejor para la salud”, continuó.
Esta actividad es posible gracias al apoyo de Moirû, el concurso comunitario de innovación social, al proceso de comercialización que está empezando Conamuri.
La atención se hará con todo el protocolo sanitario vigente.
Informe de Paublina Ramos, desde Guajayvi, San Pedro.
El día de hoy, viernes 6 de agosto, en la casa particular de uno de los productores, tuvo lugar una reunión entre pobladores del asentamiento 15 de Abril del distrito de Guajayvi, en el departamento de San Pedro. En la ocasión se dialogó sobre la situación que están atravesando las familias agricultoras afectadas por el clima adverso que arrasó con sus cultivos en los últimos tiempos.
Ellos refirieron que hasta la fecha no han recibido ninguna visita de los responsables del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), pese a que la han solicitado, para cerciorarse sobre el impacto real de este fenómeno climático (heladas) en tres oportunidades durante el pasado mes de julio. Lamentan el desinterés de las autoridades para el sector trabajador campesino y manifiestan sentirse abandonados por el Estado.
El comité de productoras Oñondive reúne a 23 mujeres provenientes de Itapúa Poty y Edelira (Itapúa) que vienen desarrollando desde hace un año una propuesta de trabajo comunitario con un fuerte componente comercial.
El proyecto de empoderamiento económico y social de las mujeres tiene el apoyo de SPG y Paraguay Orgánico y consiste en la producción y venta de hierbas medicinales ¾en un principio, ka’a he’ê y cedrón Paraguay¾ y la elaboración de huertas agroecológicas mediante la gestión sostenible de los recursos naturales, a los que se suma el fortalecimiento de las capacidades humanas y el acceso al mercado diferenciado.
“El objetivo que se persigue con esto es que las compañeras puedan generar un ingreso económico dentro de sus casas y promover a la vez en la comunidad la producción con enfoque agroecológico, como propuesta de una alimentación más saludable para las familias”, sostuvo Celia Motta, una de las asociadas del comité.
Celia Motta.
Después de pasar por largos procesos de capacitación y práctica relacionados al cuidado del suelo, la producción de abonos caseros sin agregados químicos e insumos para el control de insectos, incluso marketing y comercialización, llegó el momento de planificar el lanzamiento de la feria agroecológica organizada por el grupo, la primera de varias que se espera instalar semanalmente a partir de ahora.
El comité Oñondive integra la Asociación de la Agricultura Agroecológica del Paraguay, la cual produce la yerba mate de la marca Oñoirũ. Esto es importante porque esta asociación promueve el trabajo y los cuidados colectivos desde las primeras fases de la producción. “La minga y el jopói son valores de nuestra cultura paraguaya que se están extinguiendo y como mujeres organizadas ellas están en proceso de recuperar dichas costumbres llevándolas a la práctica”, comentó Marlene Villalba, comunicadora de la zona y también asociada.
Muchos productos frescos son ofertados por las feriantes.
La feria
La primera feria del comité tuvo lugar el pasado 30 de julio con los puestos cargados de productos provenientes de las fincas asociadas. Entre hierbas medicinales, hortalizas y frutas de estación, legumbres, maní y coco, queso fresco, huevos y gallina casera, se incentivó a la vez el uso de canastas de karanda’y para recurrir lo menos posible a plásticos y bolsas de hule.
Participaron en el acto inaugural, representantes del PNUD Paraguay, el Ministerio de Industria y Comercio, el Ministerio de Desarrollo Sustentable, funcionarios y autoridades de la Gobernación de Itapúa y de la municipalidad de Edelira.
“La secretaria de Turismo de la Gobernación, Lic. Verónica Stéfani Torales, también estuvo presente para invitarnos a trabajar en conjunto e incluir nuestra asociación más adelante en la ruta turística, así para que la gente sepa de dónde salen los productos que ofrecemos”, informó a su vez Milena Cañete.
El acto de inauguración incluyó un momento de entrega de llaves del depósito que funcionará como silo y un motocarro para el uso de las mujeres del comité por parte de los ejecutores del proyecto.
“Este espacio que abrimos ahora con la esperanza de hacerlo cada semana quiere demostrar cómo las mujeres conservamos sabiduría y conocimientos que se transmiten de generación en generación sobre el cuidado de las plantas, ahora empezamos con stevia y cedrón, pero las compañeras están diversificando sus fincas con otras variedades, y eso es muy positivo”, agregó Celia.
“Las compañeras están felices con los resultados de la feria, es un sueño cumplido para todas”, finalizó Milena.
La localidad Santa Rosa del pueblo Qom, ubicada en el municipio de Cerrito (Pdte. Hayes) despidió con mucha tristeza a la artesana Cristina Ramírez, quien falleció el viernes 9 de julio. Ella había sido internada dos días antes en un sanatorio privado, aquejada por complicaciones de la Covid-19.
Varias organizaciones sociales han emitido sentidos comunicados anunciando la partida de quien fuera una referente comunitaria, madre de familia, trabajadora incansable por la recuperación cultural de la memoria colectiva.
Cristina acompañó en todo momento las decisiones de la lideresa de Santa Rosa, Bernarda Pesoa, siendo en la práctica la que asumía en su ausencia el liderazgo en la comunidad; participó de un sinfín de acciones que buscaban visibilizar las necesidades que oprimen a su pueblo y se caracterizó por solidarizarse con todas las poblaciones indígenas. Su preocupación constante fue dejar un legado a las futuras generaciones, sobre todo a las mujeres jóvenes, a quienes instruía en el arte de tejer cestas de caranday, carandilla y totora, procurando con eso la transmisión de los saberes ancestrales.
En ese sentido, ella fue una de las fundadoras de la Asociación de Artesanas del Pueblo Qom en 1998 y del Grupo de Mujeres Artesanas de Santa Rosa en 2014; ambas nucleaciones trabajan en la promoción de la artesanía autóctona. Perteneció además a la Dirección Nacional de la Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri en el periodo pasado y adquirió formación política suficiente para tener intervenciones muy recordadas en las marchas y encuentros sobre los derechos de las mujeres, los pueblos indígenas, el medio ambiente y la lucha por el territorio. Así también, desde su trabajo de base, ella ha logrado formar a más de cien mujeres de diferentes edades en su territorio.
“Nuestra hermana, amiga y compañera Cristina Ramírez es una mujer luchadora que ha salido adelante sola con sus hijos. La mayor es docente y la segunda está estudiando una licenciatura en educación, el menor está en el colegio. Cristina es un ejemplo de madre, con su arte ella mantenía a sus hijos y les hacía estudiar”, la recordó emocionada Nidia Pesoa, vecina de Santa Rosa. “Nos dejó muchos conocimientos, cómo defendernos de la discriminación, nos enseñó los derechos de las mujeres, que ninguna debemos ser maltratadas y nos aconsejaba no depender de nadie en la vida, como mujeres valemos mucho y podemos lograr nuestros objetivos con nuestro propio esfuerzo”, continuó.
La comunidad Qom se encuentra ahora de luto permanente; con esta pérdida no solo se quedan sin una de las artesanas más talentosas y de bellas creaciones, sino que también ella era la voz de su pueblo, nadie conocía mejor que Cristina Ramírez las preocupaciones que afectaban a su territorio, la lucha que significaba la conservación de las costumbres, la cultura, el idioma, la espiritualidad y, sobre todo, la tierra y los bosques, en estos tiempos en que todo se está privatizando y dejando menos posibilidades de acceder a las materias primas que les dan sustento.
“Resistimos para preservar nuestro patrimonio agroalimentario”
A pesar de la crisis generalizada, agravada por la COVID-19, este año las productoras y los productores de alimentos del país ven con más urgencia la necesidad de mostrar e intercambiar la diversidad de semillas que constituyen el patrimonio agroalimentario de nuestro pueblo.
Productoras, productores, consumidoras, consumidores enfrentamos juntos esta crítica situación, ya que los intereses mezquinos de quienes están en los órganos de decisión del Estado ahogan y profundizan la situación de precariedad que vivimos en la ciudad y el campo.
La Organización de Mujeres Campesinas e Indígenas Conamuri fue adjudicada con un proyecto de producción de aves domésticas que traerá alivio a un total de 161 familias lideradas por mujeres en las zonas de San Pedro, Caaguazú, Guairá, Misiones y Alto Paraná.
Este proyecto de inserción a los mercados agrarios, conocido como PIMA y ejecutado por el Ministerio de Agricultura, consiste en la entrega de insumos, equipos y material biológico (pollitos) a cada familia beneficiaria, con lo cual se espera brindar un pequeño respiro hasta que la producción vuelva a fortalecerse, ya que la pandemia por Covid-19 afectó en forma grave principalmente el rubro hortícola, y como consecuencia no hay semillas en el medio y se genera dependencia de mercados externos, sin contar con el drama de la sequía que es resultado del modelo de producción dañino para el ambiente y que destruye los territorios al provocar pérdidas económicas contra las familias campesinas e indígenas.
Desde la CONAMURI denunciamos el atropello a los derechos campesinos de Paraguay, impulsado por un proyecto de la Cámara de Diputados que pretende modificar la Ley 1863/2002 Estatuto Agrario. El objetivo principal es legalizar tierras que fueron robadas en época de la dictadura stronista y en los posteriores gobiernos colorados.
Denunciamos que una vez más en plena pandemia, actuando de manera perversa, sin participación abierta, masiva, amplia y diversa, se pretende legalizar las “derecheras compradas” por empresarios del agronegocio, quienes presionan para desplazar a comunidades campesinas e indígenas, hecho que deja como resultado la existencia de comunidades rodeadas por inmensos sojales.