“Nañakirirîvéima!”

Las mujeres del campo y la ciudad, mujeres de distintas edades, de espacios organizativos o no, salimos a las calles el 25 de noviembre pasado, como cada año, a gritar con fuerza, cantar, bailar y marchar juntas, acompañadas con la memoria y las fotografías de las que ya no están. Convocadas por la lucha contra toda forma de violencia hacia las mujeres, tomamos las calles para decir “no nos callamos más”.

Por segundo año consecutivo, la multitudinaria marcha del #25N, organizada por la Plenaria 8M/25NPy, nos juntó a diversidad de mujeres a fin de organizar actividades en el marco de la conmemoración de fecha tan significativa. Ese día recordamos a las hermanas Mirabal, asesinadas brutalmente por la dictadura de Rafael Trujillo (República Dominicana), en manos de la violencia machista-patriarcal que no soportó que tres mujeres luchadoras y valientes se levantaran contra la tiranía.

Este año, la plenaria realizó varias visitas para invitar a sumarse a la marcha, con la rabia de enterarse de casos de feminicidio casi a diario. Justo en el mes de noviembre, contabilizamos 53 casos, en lo que va del año. Es claro que el dolor y la indignación son sentimientos constantes para quienes luchamos por una vida libre de violencias, así como también es claro que el amor y la justicia feminista constituyen nuestros motores para seguir caminando.

Marchamos con colores, con batucadas, con respuestas precisas de que nosotras las mujeres no retrocedemos más, las mujeres vamos a seguir luchando desde el Feminismo que busca la igualdad, y solo la propuesta feminista puede lograr sacarnos de la barbarie a la que inexorablemente conduce la sociedad actual, esta que es patriarcal, machista, capitalista, que nos violenta tanto porque nos expulsa de nuestros territorios como por la inequidad salarial según el género, porque no hay puestos de trabajo o son altamente precarizados, porque no hay medicamentos en los hospitales, porque nos roban las tierras y violentan nuestras semillas nativas y criollas, nos acosan en las calles, en los trabajos, en las instituciones educativas, niñas abusadas, niñas madres, intentos de feminicidios, feminicidios consumados y así una larga lista que refleja la barbarie y la crueldad de cómo se sobrevive hoy día.

Marchamos miles de mujeres, cada mujer con su consigna, con sus reivindicaciones, con sus sueños, y nuestros deseos comunes que se mezclaron, se unieron cuando nos miramos, nos escuchamos, cuando cantamos juntas luchando para que todas las mujeres podamos vivir en una sociedad donde seamos respetadas, una sociedad que nos trate como personas dignas, que no es, y nunca será, el sistema patriarcal.

Nuestra apuesta es seguir sumando, seguir caminando.

Ñande kuña nañakirirĩvéima!