Ceferina Guerrero, guardiana de las semillas nativas y criollas

Intervención de nuestra compañera Ceferina Guerrero, una de las fundadoras históricas de Conamuri, oriunda de Repatriación (Caaguazú), en el panel: “Nuestras semillas nos hacen libres”, que se realizó en el marco de la feria “Heñói Jey Paraguay”, 3 y 4 de agosto de 2018, en Asunción.

Más del 60 % de nuestro distrito [Repatriación] ya nos están quitando los sojeros. Yo estoy en una comunidad donde hay 150 casas; hace dos años mi hijo, que es ingeniero agrónomo, hizo un levantamiento de datos de las semillas nativas y encontró que tenemos 74 clases de ellas en nuestra comunidad. Ahora ya no estamos seguros porque hay más gente alquilando y vendiendo sus tierras; de hombres y mujeres que ya no pueden trabajar ese es su modo de subsistencia, alquilan o venden sus tierras.

Ahora las mujeres hacen el intercambio de semillas, nos juntamos y vemos qué le puedo dar yo y qué me pueden dar ellas. Lo que ellas no tienen yo les doy, y ellas me dan lo que yo no tengo. Mi casa es una referencia de Conamuri en Repatriación, hasta allí llegan personas de Europa, Estados Unidos y estudiantes que quieren saber cómo vivo yo, cómo sobrevivo en mi casa, y muchos estudiantes lloran porque, dicen, soy muy pobre. Ellos me ven como una mendiga y yo no me siento así. Estoy orgullosa de mi casa por ser un rancho campesino y ahí tengo demasiadas clases de semillas que me sirven para alimentarme.

Pero ahora escuché a este señor [Miguel Lovera] muy inteligente diciendo que se van a privatizar nuestras semillas, y me pregunto qué va a pasar de nosotros. ¿Qué es lo que vamos a dejar para el futuro? ¿Cómo podremos hacer que se conserven las semillas nativas y criollas del Paraguay? Para eso, Conamuri tiene una casa allá en Repatriación que se llama “Semilla Róga” y ahí se juntan las diferentes especies de semillas, de manera que intercambiemos las semillas entre los varios departamentos. Hace 22 días hicimos la feria de intercambio. Y se da y se recibe, se recibe y se da. No hay quien compre o venda, sino que intercambiamos lo que tenemos para recibir lo que no tenemos. Hay que custodiar nuestras semillas para tener qué comer.

De la tierra se extraen semillas y nos las devuelven envasadas, enlatadas, empaquetadas y con una marca. Llenas de veneno vuelven a nosotros. En mi casa tengo una huerta porque mi hijo me ayuda. No usamos veneno ni para las plantas ni para el suelo, solo usamos un preparado hecho de hierbas medicinales y nos rinde muy bien. Y eso es algo que admiran los estudiantes que vienen desde otras regiones y países. Hasta hoy seguimos así, mañana no sabemos qué va a pasar. Entonces tenemos que dejar a nuestros hijos un pedazo de tierra y semillas autóctonas, como dijo un señor, en las semillas está un corazón ajeno.

Resulta que tenemos demasiadas semillas nativas de diferentes especies, diferentes colores, diferentes variedades. Y yo puedo decir con propiedad que nosotros los campesinos podemos hacer eso posible, alimentar sanamente a la gente de la ciudad, porque nuestro trabajo no utiliza venenos, aunque no haya muchos que trabajen de esta forma, solamente quienes se insertan a las diferentes organizaciones que hay en nuestro país que se dedican a evitar que el veneno llegue a nuestra alimentación.

Las organizaciones son muy importantes, yo integro organizaciones campesinas desde hace 27 años, conozco a mucha gente y ya identifiqué a muchos a quienes siempre veo en este tipo de encuentros. Ojalá nos veamos también el año que viene para intercambiar semillas e ideas entre hombres, mujeres, jóvenes, porque se está vendiendo a pedazos nuestro país, porque no estamos del todo unidos para evitar eso.

Nuestro país está en peligro, para los pobres ya no hay casi nada. Eso tenemos que tener en cuenta y ser celosos de lo que construimos, tenemos que capacitarnos para saber guardar nuestras semillas, sus tiempos, su manejo, cómo conservarlas para que nos duren hasta volver a sembrarlas. Eso es lo que hace Conamuri en los diferentes departamentos donde hay mujeres que trabajan en comités, por eso estoy muy contenta y agradezco la invitación de mis compañeras. Las compañeras indígenas que integran Conamuri saben muchas cosas gracias a las mujeres campesinas, y también nosotras tenemos de ellas la sabiduría con la que cuidan su territorio, su cultura, su alimentación. Y así aprendemos juntas muchas cosas.