Feria de semillas se realizó en la colonia Chacoré

Una gran mañana tuvo lugar hoy en el local de la Unidad de Salud Familiar de Arroyito, en la colonia Chacoré, distrito de Repatriación (Caaguazú). La feria de semillas nativas y criollas congregó a varios comités de base de la comunidad y los alrededores para celebrar la solidaridad y la agricultura campesina agroecológica.

Organizada por la Promoción Campesina Integral (Proci) y con el apoyo de Conamuri y la Asociación Tesãi Reka, formó también parte de la actividad un diálogo de saberes entre guardianas/es de las semillas y promotoras/es de salud comunitaria, de donde se consignó el compromiso de seguir promoviendo huertas medicinales demostrativas en las escuelas y otros espacios públicos.

El técnico agroecólogo Jorge Díaz, poblador de Chacoré, explicó que todo lo que consumimos en nuestra dieta y como plantas medicinales provienen de solo 35 especies que se encuentran en la base alimentaria de las sociedades modernas, siendo 5 los que se generalizan y nos ofrecen en el mercado empaquetados y enlatados. “La alimentación que tenemos es la que provoca que haya gran cantidad de personas sufriendo de diabetes, colesterol, hasta niños de corta edad con problemas de la vista tenemos. Todo esto es consecuencia del uso masivo de agrotóxicos en la industria alimenticia. En las comunidades campesinas e indígenas no hay barreras vivas ni se respetan las leyes ambientales”, manifestó el compañero.

Frente a todas estas problemáticas de salud pública, la promoción de la agricultura campesina agroecológica, con su propuesta revolucionaria y de abierta confrontación con el modelo hegemónico, se hace fundamental.

Por su parte, Alicia Amarilla, Coordinadora Nacional de Conamuri, se refirió a la importancia de las semillas en manos campesinas e indígenas. “Hay una amenaza muy real de que nos quieren robar las semillas las corporaciones del agronegocio. Si esto ocurre, si nos quedamos sin semillas nativas y criollas, nos van a quitar también nuestra forma de vida, nuestra identidad como pueblo, nuestra alimentación y nuestra cultura. Hay que sumar que con ello perdemos también la capacidad de nombrar las cosas, el lenguaje, porque si no conocemos, por el ejemplo, el curuguá, no lo nombramos, nuestros hijos y nietos no sabrán de qué se trata”.

Alicia expresó además que estos pequeños actos de encuentros comunitarios para el intercambio de semillas llevan un mensaje poderoso a las transnacionales: “No queremos ser esclavos. El objetivo de las corporaciones y las cadenas de supermercado es apropiarse del trabajo histórico del campesino y la campesina. Si no tenemos semillas en nuestras manos, vamos a depender de los empresarios. Ellos van a condicionar nuestra vida y hasta dictarnos qué comer. Pero mientras las semillas estén resguardadas en nuestros silos, en nuestros frascos y botellas, somos libres de decidir qué comeremos, dónde venderemos nuestros productos; seguiremos siendo soberanos porque nadie nos va a explotar. Es un acto de rebeldía y cada semilla en nuestro poder se convierte en una acción política para defender la agricultura campesina agroecológica que es, finalmente, nuestra tabla de salvación, nuestra garantía de sobrevivencia”.