Mujeres campesinas de Caaguazú en proceso de construir soberanía alimentaria

En Caaguazú, un grupo de treinta mujeres campesinas de la comunidad de Santory, en el distrito de Repatriación, están demostrando que la organización y la lucha colectiva pueden transformar sus vidas y las de sus comunidades.

A pesar de enfrentar profundas desigualdades, como la concentración de tierras y la precariedad en el acceso a derechos básicos, estas mujeres están trabajando juntas para construir soberanía alimentaria y mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, lo hacen enfrentando múltiples barreras: menor acceso a recursos productivos, escasas oportunidades de formación, exclusión de los espacios de decisión y una sobrecarga histórica de tareas invisibilizadas.

Frente a esta realidad, desde Conamuri impulsamos el proyecto “Mujeres lideresas empoderadas políticamente mejoran sus condiciones de vida”, con el apoyo de Manos Unidas, una propuesta que articula formación política, agroecología y organización comunitaria como herramientas de transformación.

Formación, organización y lucha

El proceso reúne a mujeres lideresas campesinas que, junto a sus familias y organizaciones, fortalecen sus capacidades en agroecología con enfoque de género, recuperando saberes ancestrales y prácticas productivas sostenibles. Pero no se trata solo de producir alimentos, también es una forma de disputar poder.

A través de programas de formación, conversatorios y espacios de intercambio, las mujeres reflexionan colectivamente sobre su rol en la comunidad, cuestionan las estructuras patriarcales que limitan su participación y construyen estrategias para incidir en la toma de decisiones a nivel local.

Este fortalecimiento organizativo permite que más mujeres participen activamente en procesos comunitarios, posicionándose como sujetas políticas y protagonistas del desarrollo de sus territorios.

Agroecología para la vida, contra el modelo de despojo

En un contexto de fuerte presión del agronegocio —con el avance del monocultivo, el uso intensivo de agrotóxicos y la amenaza constante sobre los territorios campesinos—, acentuado por el agotamiento de los bienes naturales y el cambio climático, la agroecología es cada vez más necesaria en términos políticos y productivos.

Las mujeres de Santory, participantes de la Escuela de Agroecología de Conamuri, vienen demostrando que es posible producir de manera sustentable, cuidando la biodiversidad y garantizando alimentos sanos para el autoconsumo y la comunidad. La implementación de técnicas agroecológicas no solo mejora la producción, sino que fortalece la autonomía económica de las mujeres y sus familias.

Así, la defensa del territorio y de los bienes naturales se enlaza con la lucha por la soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir qué producir, cómo producir y para quién.

Incidencia política desde los territorios

Uno de los pilares del proceso es la construcción de espacios de diálogo, articulación e incidencia. Las mujeres organizadas impulsan acciones colectivas como el diálogo con las autoridades, participan en ferias de intercambio de semillas y promueven alianzas con otros actores sociales e institucionales para posicionar sus demandas.

En Santory, como en tantos otros territorios, estas iniciativas están demostrando que las mujeres organizadas en torno a objetivos concretos se constituyen en una herramienta fundamental para enfrentar la desigualdad estructural y construir alternativas desde abajo.

Feminismo campesino popular para transformar la realidad

La experiencia reafirma el horizonte político de Conamuri: una transformación social profunda basada en la participación activa de las mujeres trabajadoras, en alianza con otros sectores populares.

Desde el feminismo campesino popular, la agroecología y la lucha por la soberanía alimentaria, las mujeres no solo resisten al modelo de exclusión, sino que construyen día a día nuevas formas de vida, más justas, solidarias y sostenibles.

¡Cuando las mujeres avanzan, ningún pueblo retrocede!