La violencia invisibilizada

Estos días en las redes sociales calificaban de violentos a los manifestantes campesinos por algunos episodios aislados que se dieron en casi un mes de movilizaciones en la capital del país. Poco se habló de que la violencia empezó cuando el gobierno les propuso dejar sus cultivos de renta tradicionales para que se dedicaran a plantar rubros de exportación que finalmente fueron un fracaso por la falta de acompañamiento institucional. Poco se habló de la violencia que significa vivir con lo justo el día a día, sin salario mensual, sin seguro médico, sin oportunidad de ingresar a la universidad para profesionalizarse y buscar mejores horizontes económicos.

Las comunidades campesinas, abandonadas históricamente a su suerte, se movilizan por subsidio porque ya lo han perdido todo: vendieron su carreta, sus bueyes, la vaca que proveía de leche a sus hijos. Igual todo ese sacrificio no alcanza para pagar a sus acreedores. Miles de familias están en riesgo de perder el último recurso que les queda: su pedacito de tierra y, por lo tanto, la conclusión es que la promesa de precio y mercado para rubros de renta exóticos como el sésamo, la chía, etc., se ideó para desalojarlas de sus territorios. El capital financiero arrasa así el campo con voracidad, ansioso de arrebatar tierras, semillas y agua. More